Pura y costosa vida

Costa Rica es un país que abunda en naturaleza y en flora y fauna silvestre. Rodeado de volcanes, bosques y playas, invita al visitante a sumergirse en el entorno y a disfrutar de las actividades al aire libre, aunque casi ninguna de ellas se puede hacer sin dejar algunos colones (moneda oficial) en el camino.
Las zonas verdes están en perfecto cuidado y mantenimiento. Los Parques Nacionales se encuentran limpios, ordenados, con senderos en buen estado y bien señalizados con carteles en perfectas condiciones. Si se lo mira por este lado, el de la conservación, se torna razonable que se cobre entrada en cada uno de ellos. La tarifa base es de u$s10 (u$s1=500 colones), pudiendo ser más elevada en algunos parques.
Otra particularidad de este país, es su economía, con precios elevados en todos los productos, ya sea comestibles, perfumería, bebidas, servicios. Todo, absolutamente todo, es más caro que en los demás países de América Central. De esta manera, el costo de vida en Costa Rica es caro, y si a esto se le suma la obligación de tener que pagar entrada en cada parque nacional que se visita, el país se convierte en un destino un tanto complicado para el presupuesto mochilero.
Por estas razones, nuestro paso por el territorio “tico” fue considerablemente más rápido que en los demás países. Al armar nuestra ruta, los parques nacionales que elegimos visitar fueron “Volcán Poas”, “Manuel Antonio” y la “Reserva Natural Monteverde”. En los primeros dos, abonamos el precio sugerido de la entrada. En el último, en cambio, encontramos un sendero oculto que nos llevó hacia el interior del parque sin tener que pagar nada.

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El Parque Nacional Volcán Poas, se encuentra a pocos minutos de la capital del país, San José. En este lugar, se puede apreciar el cráter tipo géiser más grande del mundo, donde actualmente se ubica una laguna de agua sulfurosa. En los alrededores a este gigante de tierra, se produce una gran condensación de humedad, lo que provoca que constantemente haya nubes sobre la copa de los árboles y se genere una especie de musgo en sus troncos. Esta característica lo convierte en un “bosque nuboso”.

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Desde la capital, luego de varios trasbordos, llegamos a Quepos para dirigirnos hacia el pueblo de Manuel Antonio, donde descansa un gran bosque tropical lleno de vida. En este lugar pudimos apreciar monos capuchinos, mapuches, iguanas y unas preciosas playas de arena dorada bañadas por un mar azul implacable. El paisaje que presenta este parque es hermoso. Posee miradores desde donde se puede tener una excelente vista del Océano Pacífico y de la densa vegetación que rodea el lugar, además de senderos que posibilitan al visitante conectarse con este maravilloso entorno natural. Un destino que merece la pena ser visitado.

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Por último, nos dirigimos hacia el norte del país, más precisamente hacia Monteverde, un pequeño pueblo rodeado de montañas. En este lugar, el mayor atractivo es hacer canopy. Empresas privadas ofrecen este servicio en porciones exclusivas de los bosques para ellos. Si uno visita los parques y reservas por su cuenta, no puede contratar esta prestación (pero si debe pagar la entrada para recorrerlos). Como anteriormente se señala, nosotros encontramos un sendero oculto en la “Reserva Natural Monteverde” que nos permitió tener un libre acceso. Para encontrarlo, simplemente hay que seguir el camino un poco más allá de la entrada principal a la reserva y tras caminar unos metros, una escalera se abre entre la vegetación que bordea al parque. Se sigue esta escalinata y mágicamente se desemboca en uno de los senderos.

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Costa Rica parece ser un país enfocado en la ecología y dedicado al medio ambiente. Siendo el turismo el principal ingreso económico, el estado le da mucha importancia al mantenimiento del entorno. Las demás cuestiones como educación, salud, vivienda y trabajo no llegaron a nuestros oídos por boca de nadie durante los 15 días que estuvimos viajando por estas tierras. El lema principal de todo tico (gentilicio de los costarricenses) es: “¡Pura Vida!”. A nuestro humilde parecer, mucha vida pero poco interés por la historia y por las situaciones sociales que acontecen diariamente en las calles.