Entre la sombra de Sandino y el FSLN

Al cruzar la frontera de “Peñas Blancas” y entrar a Nicaragua, uno entra también a otra realidad muy distinta a la de los anteriores países centroamericanos que visitamos (Panamá y Costa Rica). En nuestro paso, recorrimos San Juan del Sur, un pequeño pueblo ubicado en la costa del Océano Pacífico conocido por sus buenas olas para practicar surf, la ciudad colonial de Granada, cuna del dominio español colonial sobre estas tierras, y la ciudad de León, alma de los movimientos revolucionarios y de las universidades.

Nicaragua fue el país de Augusto Sandino, de la “Revolución Sandinista” y del “Frente Sandinista de Liberación Nacional”, por lo que a simples palabras, cualquier viajero que tenga estas referencias históricas podrá notar el cambio de clima político y social que se respira en este territorio.

Breve repaso de la historia

Desde el año 1912 hasta 1925, Nicaragua estuvo ocupado por tropas estadounidenses que defendían los intereses y que garantizaban la seguridad de las compañías fruteras norteamericanas en el país. Cansado de estas maniobras y de la intervención extranjera en la política y en la economía, un campesino joven y humilde, Augusto Sandino, decide sumarse a los movimientos de resistencia mediante la creación de un grupo armado junto a otros campesinos.

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Un año más tarde, en 1926, frente a las continuas ofensivas de Sandino y de los demás grupos, el gobierno norteamericano decidió enviar tropas a Nicaragua nuevamente para acabar con el movimiento guerrillero. Ubicado en el norte del país, en la zona de “las Segovias”, rodeado de montañas y de jungla, el Ejército Defensor de la Soberanía Nacional, a cargo de este líder revolucionario, luchó exitosamente contra los invasores durante seis años, al punto de convertirse en invencible para las tropas extranjeras. De esta manera, el prestigio de Sandino, avanzaba en todo el país y las noticias de su lucha, resonaban en todos los rincones, lo que provocó una mayor adhesión a sus filas y a sus ideas antiimperialistas por parte del pueblo nica.

Debido a la feroz lucha de las tropas sandinistas, a fines de 1932, el gobierno estadounidense decidió retirar sus tropas y dejar al mando de sus intereses, a una fuerza de choque integrada por oficiales del ejército nicaragüense llamada “Guardia Nacional”, dejando a cargo a Anastasio Somoza García. Con el objetivo de llegar a un acuerdo y ponerle fin a los enfrentamientos, el 21 de febrero de 1934, se realiza un encuentro en la casa presidencial nicaragüense entre las autoridades gubernamentales y  Sandino. En esta reunión, oficiales de la Guardia Nacional le realizan una emboscada al líder revolucionario, lo capturan y lo mantienen en cautiverio. Esta operación, fue liderada por Anastasio Somoza, y provocó la desaparición de Sandino, y el agigantamiento popular de su gesta.

Anastasio Somoza, en 1936, lidera un golpe de estado y se pone al frente del gobierno nicaragüense, iniciando así una tiranía salvaje que tenía como fuerza adoctrinadora a la Guardia Nacional. Desde este momento, la llamada “ley de las 3 P”, comenzó a regir en Nicaragua. Las palabras de Somoza, explican su significado: “plata para mis amigos, palos para los indiferentes y plomo para mis enemigos”. Anastasio Somoza García, gobernó desde 1937 a 1947 y desde 1950 a 1956, luego fue sucedido por su hijo Luis Somoza Debayle, quien ejerció el poder desde 1956 a 1963, y después su otro hijo, Anastasio Somoza Debayle, estuvo al mando desde 1967 a 1972, y de 1974 a 1979. En este período de dinastía somocista (1936/1979), hubo en el país entre 100 y 120 mil muertes debido a la violencia y terrorismo de estado. 

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Influenciados por las palabras de Augusto Sandino y su gesta revolucionaria, además de los atropellos contra la voluntad popular, la corrupción del gobierno, el abandono económico y social en el que el país se veía sumergido y la violencia ejercida por la Guardia Nacional, durante estos años de poder somocista, se crearon algunos  movimientos de lucha contra el régimen. Hacia 1962, un grupo de estudiantes organizados clandestinamente e influenciados por las gestas revolucionarias internacionales de la época (cubanas y argelinas), comenzaron a reunirse y a darle forma al Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN), con el objetivo de derrocar al gobierno somocista e implantar un régimen comunista en el país. Los principales líderes de este movimiento fueron Carlos Fonseca y Tomás Borge. El accionar de este grupo fue creciendo paulatinamente en la lucha armada y en la organización de una guerrilla aborigen, campesina y estudiantil.  

A partir de 1974, el FSLN comienza con los asaltos a los cuarteles de la Guardia Nacional y con una avanzada territorial por el país. De a poco, tomaron el control de algunas ciudades y para el año 1979, luego de una extensa y violenta lucha, llegaron a la capital, Managua. Los combates se extendieron por varios días y el 19 de julio de 1979 lograron tomar el control del poder y derrocar así al régimen somocista. Este suceso es conocido como la “Revolución Sandinista”. 

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De esta manera, un régimen comunista se instauró en el país y se procuró construir hospitales, escuelas, en dar créditos para la compra de materiales de trabajo agrario, en el reparto de las tierras expropiadas a la familia Somoza, y por sobre todo,  se orientó en la alfabetización de la sociedad nicaragüense y en tratar de revertir la tasa de mortalidad infantil, de las más altas en el continente durante aquellos años. 

Hacia 1981, el gobierno estadounidense como consecuencia de la revolución, impuso sobre Nicaragua un bloqueo económico y organizó una “contrarrevolución”, encargándose de agrupar nuevamente a las tropas de la Guardia Nacional que habían sido expulsados del país por el FSLN, y creando así una nueva situación de guerra. 

La escasez de recursos frente al bloqueo norteamericano y el dinero destinado a enfrentar una nueva guerra interna, provocó al FSLN muchos inconvenientes económicos, llevando al país casi a la quiebra. La ayuda internacional enviada desde Rusia y Cuba, posibilitó que el partido se mantuviera en el poder y que la revolución continuara con su curso. En marzo de 1988, autoridades de los países centroamericanos, del FSLN y de la “Contrarrevolución”, iniciaron diálogos de paz para poner fin al enfrentamiento armado. El “Acuerdo de Esquipulas” se firmó en 1989 y la guerra civil nicaragüense provocó alrededor de 38 mil muertes. 

Hoy en día, la situación económica y algunas realidades en el país, siguen siendo muy duras y todavía quedan muchas heridas que se mantienen abiertas en el corazón y la memoria de su gente. Se respira un alto sentimiento antiimperialista por sus calles, aunque no faltan las cadenas de comida rápida en sus ciudades.

El sentimiento de la población hacia Augusto Sandino es implacable. Muchos remarcan y se enorgullecen con el accionar de este líder revolucionario, y por cada ciudad o pueblo que se transite, siempre se encontrará algún afiche, cartel, estatua o graffiti con su rostro y con alguna de sus frases.

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En cuanto al FSLN, la figura más importante de los últimos años es Daniel Ortega, actual presidente del país y quien además ejerció este cargo otras dos veces anteriores. El slogan de su gestión es: “El buen gobierno de la familia y de la niñez”, y a él, lo llaman “Comandante Daniel Ortega”. Algunos opositores, tildan al partido de burócrata y de sólo escuchar los reclamos de su gente y aliados. A pesar de estas críticas, ninguno de los grupos disidentes es capaz de “ganar las calles” en las manifestaciones, razón por la cual muchos ciudadanos todavía votan al FSLN en cada elección.

Entre la agitada historia, los continuos afiches del FSLN, la humildad y calor de la gente, nuestra estadía en Nicaragua fue muy enriquecedora. Un país que respira revolución y que todavía mantiene viva la tradición histórica de lucha.

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Pura y costosa vida

Costa Rica es un país que abunda en naturaleza y en flora y fauna silvestre. Rodeado de volcanes, bosques y playas, invita al visitante a sumergirse en el entorno y a disfrutar de las actividades al aire libre, aunque casi ninguna de ellas se puede hacer sin dejar algunos colones (moneda oficial) en el camino.
Las zonas verdes están en perfecto cuidado y mantenimiento. Los Parques Nacionales se encuentran limpios, ordenados, con senderos en buen estado y bien señalizados con carteles en perfectas condiciones. Si se lo mira por este lado, el de la conservación, se torna razonable que se cobre entrada en cada uno de ellos. La tarifa base es de u$s10 (u$s1=500 colones), pudiendo ser más elevada en algunos parques.
Otra particularidad de este país, es su economía, con precios elevados en todos los productos, ya sea comestibles, perfumería, bebidas, servicios. Todo, absolutamente todo, es más caro que en los demás países de América Central. De esta manera, el costo de vida en Costa Rica es caro, y si a esto se le suma la obligación de tener que pagar entrada en cada parque nacional que se visita, el país se convierte en un destino un tanto complicado para el presupuesto mochilero.
Por estas razones, nuestro paso por el territorio “tico” fue considerablemente más rápido que en los demás países. Al armar nuestra ruta, los parques nacionales que elegimos visitar fueron “Volcán Poas”, “Manuel Antonio” y la “Reserva Natural Monteverde”. En los primeros dos, abonamos el precio sugerido de la entrada. En el último, en cambio, encontramos un sendero oculto que nos llevó hacia el interior del parque sin tener que pagar nada.

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El Parque Nacional Volcán Poas, se encuentra a pocos minutos de la capital del país, San José. En este lugar, se puede apreciar el cráter tipo géiser más grande del mundo, donde actualmente se ubica una laguna de agua sulfurosa. En los alrededores a este gigante de tierra, se produce una gran condensación de humedad, lo que provoca que constantemente haya nubes sobre la copa de los árboles y se genere una especie de musgo en sus troncos. Esta característica lo convierte en un “bosque nuboso”.

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Desde la capital, luego de varios trasbordos, llegamos a Quepos para dirigirnos hacia el pueblo de Manuel Antonio, donde descansa un gran bosque tropical lleno de vida. En este lugar pudimos apreciar monos capuchinos, mapuches, iguanas y unas preciosas playas de arena dorada bañadas por un mar azul implacable. El paisaje que presenta este parque es hermoso. Posee miradores desde donde se puede tener una excelente vista del Océano Pacífico y de la densa vegetación que rodea el lugar, además de senderos que posibilitan al visitante conectarse con este maravilloso entorno natural. Un destino que merece la pena ser visitado.

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Por último, nos dirigimos hacia el norte del país, más precisamente hacia Monteverde, un pequeño pueblo rodeado de montañas. En este lugar, el mayor atractivo es hacer canopy. Empresas privadas ofrecen este servicio en porciones exclusivas de los bosques para ellos. Si uno visita los parques y reservas por su cuenta, no puede contratar esta prestación (pero si debe pagar la entrada para recorrerlos). Como anteriormente se señala, nosotros encontramos un sendero oculto en la “Reserva Natural Monteverde” que nos permitió tener un libre acceso. Para encontrarlo, simplemente hay que seguir el camino un poco más allá de la entrada principal a la reserva y tras caminar unos metros, una escalera se abre entre la vegetación que bordea al parque. Se sigue esta escalinata y mágicamente se desemboca en uno de los senderos.

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Costa Rica parece ser un país enfocado en la ecología y dedicado al medio ambiente. Siendo el turismo el principal ingreso económico, el estado le da mucha importancia al mantenimiento del entorno. Las demás cuestiones como educación, salud, vivienda y trabajo no llegaron a nuestros oídos por boca de nadie durante los 15 días que estuvimos viajando por estas tierras. El lema principal de todo tico (gentilicio de los costarricenses) es: “¡Pura Vida!”. A nuestro humilde parecer, mucha vida pero poco interés por la historia y por las situaciones sociales que acontecen diariamente en las calles.

Panamá: la vida al ritmo del canal

El primer país de Centroamérica divide en norte y sur el continente. Dentro del territorio de su capital, se encuentra el istmo que permite el paso de barcos cargueros desde el Océano Atlántico al Océano Pacífico. Así, la Ciudad de Panamá, se convirtió en una sede del mercado internacional ya que entre el 4% y el 5% de toda la actividad comercial marítima mundial pasan por este camino. Entre las calles de la ciudad, el visitante podrá encontrar autos lujosos, torres modernas altísimas, promociones de mercaderías con rebajas en sus precios como también un crisol de etnias entre su gente y una abismal diferencia de ingresos.

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La magnífica obra de ingeniería que es el motor de la economía nacional es el Canal de Panamá. Inaugurado en 1914 por una compañía norteamericana dependiente del estado, posibilita ahorrarles el viaje a los barcos cargueros hacia el “Estrecho de Magallanes”, ubicado al sur de la Patagonia Argentina, que quieren conectar los continentes. El proceso de construcción del canal comenzó en 1882 por una compañía francesa pero los imprevistos de la naturaleza, como lluvias y epidemias de malaria y fiebre amarilla, hicieron que los galos abandonaran el trabajo y vendieran al 40% de su precio las maquinarias y los trabajos realizados hasta el momento. El estado norteamericano se interesó por este trabajo y le planteo a las autoridades de la entonces provincia colombiana de Panamá el siguiente contrato: apoyar financieramente la independencia del territorio de Colombia a cambio de la concesión del proyecto y el usufructo perpetuo que la actividad del canal produjera. Sin pensarlo demasiado, el acuerdo se firmó y Panamá consiguió su independencia de Colombia, aunque, como podrán imaginar, no su autonomía política.
De esta manera, los Estados Unidos se instalaron en la capital de Panamá, construyeron una ciudadela donde sólo imperaban sus leyes y no las panameñas, y además levantaron una base militar. Se implementó el dólar como moneda corriente en el país, que se utiliza hasta el día de hoy, y todas las actividades estaban supervisadas por Washington. Un grupo de estudiantes en el año 1964, cansados de esta situación, se dirigió hacia la zona del canal e izó la bandera panameña en uno de los mástiles donde se movía la estadounidense. La policía militar norteamericana los reprimió y varios jóvenes fueron asesinados. Después de este trágico incidente, los gobiernos se plantearon la necesidad de revisar los acuerdos entre los países con respecto al canal. Así, en 1977, el entonces presidente de los Estados Unidos, James Carter, y su par panameño Omar Torrijos, firmaron un acuerdo donde se fijó la transferencia total del canal a Panamá y el fin de la presencia militar norteamericana para 31 de diciembre de 1999.
Otra consecuencia que provocó el Canal en este país, fue la multiplicidad de etnias y las diferencias sociales. Tanto Estados Unidos como Francia, al escasear la mano de obra aborigen en la zona, trajeron obreros de las Antillas americanas, principalmente jamaiquinos, de España, Italia, Colombia y también del continente asiático para finalizar el proyecto. El asentamiento de estas comunidades provocó un gran crisol cultural en el país, donde se pueden ubicar los descendientes de aborígenes, de europeos y de jamaiquinos con solo transitar sus calles y observar a la gente. Así también se pueden chequear las marcadas diferencias sociales, siendo por lo general el linaje proveniente del viejo continente los de mayores ingresos y accesibilidad a los trabajos mejor redituados, mientras que los demás, realizan el resto.

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Hacia el interior del país, el turista no puede escaparse de esta diferenciación ya que se acrecienta en mayor medida. Los lugares que nosotros visitamos y andamos fueron “El Valle de Antón”, en la provincia de Coclé, un pueblo que se levanta en lo que fue el antiguo cráter de un volcán, “Boquete”, localizado al norte de la provincia de Chiriquí, lindero al volcán Barú, pico más alto del país, y “Bocas del Toro”, archipiélago encontrado al noreste del país, cercano a la frontera con Costa Rica.
Tanto el “Valle” como “Boquete”, son lugares agrestes donde predomina la agricultura y la ganadería como principales actividades comerciales. Ambos pueblos están rodeados de una colorida vegetación, montes, ríos y cascadas. La calidez y la humildad de su gente, además de las bellezas del paisaje, son rasgos destacables de estas zonas que merecen la pena ser visitadas luego de una estadía en la ciudad de Panamá.

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“Bocas del Toro”, en cambio, es un mundo aparte. A este archipiélago se accede desde el puerto de Almirante vía lancha hacia Isla Colón, donde se habita la mayor cantidad de gente. Aquí, el visitante va a encontrar una intensa actividad comercial ligada a los hoteles, hostels y servicios de paseos en lancha. Al contrario de las otras zonas, este lugar es habitado en su mayoría por afroantillanos, quienes hablan un idioma particular mezcla del inglés con el castellano. Todos los supermercados del archipiélago son de propietarios asiáticos.
Una particularidad de esta zona es que no posee servicio de recolección de residuos, por lo que los principales encargados de este trabajo son unos pájaros negros parecidos a los cuervos. Esto origina que el lugar sea sucio y que ratas y cucarachas puedan verse por todos lados. Otra solución que se le da a la basura es quemarla, por lo que también a veces los olores en las islas no son los más aromáticos. Sin embargo, las bellas playas que posee este archipiélago merecen la pena de ser visitadas, aunque el turista deba soportar todas las anteriores condiciones.

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En definitiva, Panamá es un país que se encuentra forjando su soberanía política, su identidad y su integración cultural. Al resaltar sus bellezas naturales, las autoridades buscan posicionarlo como un destino turístico y no como un lugar de paso entre las Américas. Invito al turista a que recorra sus pueblos y ciudades y que saque sus propias conclusiones.

Cartagena de Indias, ciudad mágica rodeada de pasado y presente

Una torre amarillenta con un reloj en su centro es el punto de referencia que tiene cualquier visitante que esté dispuesto a realizar un viaje en el tiempo. Una muralla color gris pálido acompaña este umbral y se suma a la división temporal. Al atravesar las bóvedas que aparecen como surcos debajo de la estructura que marca el tiempo cartagenero, el visitante ingresará a la “ciudad amurallada”, principal destino turístico de la ciudad.

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Este sitio detenido en el tiempo, fundado en el siglo XVI, está dotado de una impecable arquitectura de estilo colonial, con altas recovas, balcones de madera y puertas de madera talladas a mano, numerosas plazas arboladas, edificaciones de coloridos variados y eléctricos, y además coches tirados a caballo que brindan un recorrido por las noches alumbradas mediante faroles de luz amarilla cálida.

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Todas estas razones, hacen de Cartagena de Indias una ciudad llena de historia, ya que en los años de dominio español era considerada como el principal puerto del norte de Sudamérica (punto estratégico desde donde se podía comerciar con todas las islas del Caribe como también hacia el interior del continente). Tal fue la importancia de la ciudad, que los españoles construyeron un fuerte para defenderse del ataque de las invasiones francesas e inglesas, el llamado “Castillo San Felipe de Barajas”.
En la actualidad, este fuerte es un museo que permite al visitante recorrer sus instalaciones libremente o con un guía, quien relatará la historia de la ciudad, explicará el por qué de cada detalle que posee la edificación y lo llevará de paseo entre los túneles y pasadizos secretos que esconde detrás de sus murallas. Según dichos del propio guía: “contraten el servicio para ver otras cosas que no sean sólo más que piedras”, y vaya que tiene razón.

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La etapa colonial marcó a fuego esta ciudad, que fue nombrada como “Patrimonio Cultural de la Humanidad” por la “UNESCO” en el año 1984, como así también a su sociedad ya que los españoles, al escasear la mano de obra aborigen en la región, poblaron el sitio con esclavos provenientes de África, quienes eran utilizadas para los trabajos forzosos dentro del fuerte, en el campo y también para las tareas domésticas. La esclavitud se llevó adelante durante varias décadas y luego de varias revueltas libertarias, finalmente en el año 1852, se logró su abolición.
Cartagena además de su riqueza histórica y cultural, también se destaca por su agitada actividad nocturna, tanto es así que algunos colombianos la llaman “la ciudad de la rumba”. La oferta para salir a divertirse y disfrutar de las noches en este lugar, se extiende durante toda la semana, aunque los miércoles y sábados son los principales días para “rumbear”. De esta manera, restaurantes, bares, pubs y boliches bailables de todos los estilos se pueden encontrar en sus calles.

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Más allá de la historia y de sus movidas noches, la ciudad está inmersa en un presente donde, según datos estadísticos, el 70% de la población es de bajos recursos, mientras que el 30% restante se beneficia del comercio, la actividad empresarial o los ingresos obtenidos del intercambio portuario, principal recurso económico.
Con todos estas características, Cartagena de Indias es un sitio que permite al visitante viajar en el tiempo hacia el siglo XVI dentro de la ciudad amurallada y reflexionar sobre el presente fuera de ella. Una ciudad llena de tradición, cultura e historia que vale la pena ser visitada.

Parque Nacional Tayrona: la naturaleza y la historia en un mismo lugar

Este bosque tropical seco ubicado a 34 kilómetros de la ciudad de Santa Marta, Colombia, se presenta ante nuestros ojos con sólo llegar a su puerta. Al cruzar la entrada, podemos apreciar la espesa vegetación que cuenta con todas las tonalidades de verdes posibles y, más allá de los árboles y plantas, alcanzamos a ubicar algunos senderos que nos permitirán sumergirnos en el interior de este mundo mágico. Porque el Tayrona es eso, un mundo aparte del cotidiano, lleno de naturaleza y de mística.

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El primer sendero que caminamos es largo y complicado por momentos, pero el aire de paz que se respira y el contacto con la naturaleza, nos dan un alivio y la energía necesaria para seguir. A medida que avanzamos, vemos carteles que hablan sobre el cuidado del medio ambiente, las distintas especies de flora y fauna que habitan en este parque y también sobre la cosmología aborigen “Tayrona”. Esta comunidad habitó por más de mil años estas tierras y, al momento de la llegada de los españoles con su embestida colonizadora, se dividió en cuatro grupos: Kogui, Arhuacos, Caucanos y Wiwas, quienes actualmente residen en los alrededores de la Sierra Nevada.

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Al finalizar este sendero, llegamos a “Arrecifes”, la primera playa en la que podemos pisar la arena pero no bañarnos ya que los letreros aseguran que las fuertes corrientes marinas de la zona se han cobrado más de 100 vidas de bañistas que desoyen las advertencias. Por esta razón, decidimos seguir un poco más allá y encontrar un lugar para refrescarnos. De esta manera, llegamos al “Cabo”, localizado en la otra punta del parque. Aquí hay dos playas donde sí nos podemos bañar. Después de un merecido chapuzón en el mar, decidimos descansar y seguir explorando el parque al día siguiente.
Las opciones para dormir en el parque son dos: camping o en cabañas lujosas llamadas “Eco Habs”. Los campings ofrecen servicio de alquiler de hamacas paraguayas y de carpas. Hay tres lugares de campamento en todo el parque, una, ubicada a mitad de camino entre la entrada y la primera playa, el segundo, al lado de “Arrecifes”, y el tercero, en el “Cabo San Juan”. En este último decidimos quedarnos y pasar la noche.
Al otro dia, detrás del restaurante del camping, encontramos un nuevo cartel y también un nuevo desafío: “sendero El Pueblito”, un largo camino hacia las ruinas de un asentamiento Kogui. Sin pensarlo, ajustamos los cordones de las zapatillas y emprendimos la aventura.
Si nos pareció complicado el primer sendero, este último es simplemente tortuoso: en subida y con grandes rocas que obstaculizan el camino. Después de mucho esfuerzo y algunas horas de caminata, llegamos al lugar indicado. El asentamiento conocido como “Chairama”, está formado por un conjunto de 250 terrazas que se encuentran en el medio de la espesa vegetación. Este poblado desolado nos permite imaginarnos cómo era la vida de las dos mil personas de la comunidad aborigen que vivió aquí entre los años 450 y 1600dc. Una experiencia mágica.

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Todos estos atractivos que se encuentran en el parque, son los que nos llevaron a considerar a este lugar como un nuevo mundo místico y paradisíaco, a tan solo una hora de distancia de la ciudad de Santa Marta. Un lugar capaz de conjugar la historia de la zona de la Sierra Nevada con playas caribeñas. En fin, un destino que merece ser visitado.

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Mucho mar y poca agua

El pueblo pesquero de Taganga se ubica a solo 15 minutos en buseta o en vehículo particular de la ciudad de Santa Marta. En este lugar, el mar Caribe se adentra entre colinas áridas y le da forma a una bahía ideal para relajarse y escaparse de la bulliciosa capital del distrito del Magdalena, de la que integra su jurisdicción. A pesar de estar rodeada de mar, el pueblo “taganguero” sufre la escacez de agua corriente y todos sus habitantes, inclusive aquellos de más bajos recursos, se ven obligados a alquilar los servicios de los “carrotanques”. Estos camiones contienen 12 mil litros de agua y la comercializan a un precio que puede variar entre los 150 y 180 mil pesos colombianos (75 o 90u$s respectivamente), cuestión que obliga a muchas familias a asociarse para solicitar un camión y conseguir algunos litros de este líquido.

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Esta problemática proviene en parte de las continuas sequías que sufre la zona de la Sierra Nevada, relieve montañoso que abarca tres departamentos del Caribe colombiano: Magdalena, la Guajira y el Cesar, y que es la fuente de agua de la zona. Con este panorama, todas las localidades ubicadas alrededor de la sierra poco a poco fueron sufriendo de sed y de ganas de bañarse, al igual que Taganga.
El alcalde de la ciudad de Santa Marta, Carlos Eduardo Caicedo, estuvo ideando algunos planes para afrontar este problema y finalmente, tomó una medida: prohibir el ingreso de los “carrotanques” a Taganga, cerrar los pozos privados y públicos desde los que este pueblo sacaba el agua para sus casas y también, imponer multas, como también amenazas de arresto, a los conductores de los camiones hidrantes que quisieran llevar este líquido hacia el pueblo pesquero.

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Ante este panorama, los integrantes de la “Representación Comunal” de Taganga, órgano que nuclea a todos los habitantes del pueblo, sostienen que los pocos recursos hídricos con los que contaba el sitio desaparecieron con la llegada de inversores extranjeros ya que para construir sus posadas y hoteles, ellos se adueñaron del agua de los pozos públicos y las llevaron hacia los suyos mediante grandes bombas.
Por su parte, los propietarios de hoteles, posadas y comercios, asociados desde la “Junta de Acción Comunal”, expresan que el problema proviene desde hace muchos años y que la situación actual, en realidad, se debe a una falta de previsión y obras públicas por parte de la alcaldía de Santa Marta.
Con estas posturas bien diferenciadas, ambos grupos tratan de llegar a un acuerdo y coordinar planes para la solución del problema. Algunas propuestas para este fin son: la construcción de un embalse sobre el Río Magallanes que, según pronostican los ingenieros, con un sólo aguacero en la zona podría abastecer a un millón de personas; la habilitación de pozos de agua que se encuentran trabajando desde hace más de 17 años de manera ilegal; y la construcción de una planta desalinizadora que permita la utilización del agua de mar para los hogares.
Mientras todos los habitantes de Taganga buscan una solución a este problema que afecta su vida diaria, los funcionarios desde Santa Marta desoyen los pedidos y no asisten a las reuniones pactadas con los representes de este pueblo pesquero, además de tomar medidas que van en contra de toda lógica. De esta manera, los “tagangueros” seguirán sufriendo la paradoja de tener tanto mar a su alrededor, y tan poca agua en sus hogares.

La realidad se filtra en el paraíso

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Un turista cuando viaja hacia el archipiélago de Los Roques, ubicado a 168 kilómetros al norte de Caracas y que forma el parque marino más grande de América Latina, puede suponer que la discusión política actual que tiene lugar en el país será menor en este pequeño lugar paradisíaco de arenas blancas, aguas transparentes, manglares, barreras coralinas y sol implacable . Sin embargo, la situación que se vive en Venezuela, late en todo su territorio.
La isla más grande, donde reside la mayoría de los habitantes del archipiélago, se llama Gran Roque. En este lugar también están ubicadas todas las posadas y los negocios comerciales. Los mercados de artículos para el hogar, almacenes y posadas, además de tener los precios por encima del doble que en Caracas, dependen de la mercadería enviada desde tierra firme, cuestión que a veces demora más de dos semanas en ocurrir. Los comerciantes responsabilizan el motivo de la tardanza a una medida impuesta por el gobierno nacional: la solicitud de título profesional a los maquinistas que manejan los barcos, detalle que antes no se tenía en cuenta.

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Por el momento, los únicos tripulantes de los barcos cargueros en todo el país con título de maquinista son los miembros de la Guardia Nacional Bolivariana (ejército), por lo que el Estado está cumpliendo el papel de proveedor y además, aumentando la presencia de personal militar en el Gran Roque. Otra tarea que cumplen los uniformados en el lugar, es controlar la actividad comercial para evitar la evasión de impuestos, medida novedosa en este paraíso ya que algunos meses atrás, era una zona de libre mercado.
El Gran Roque está administrado políticamente por un Consejo Comunal (junta ciudadana participativa dividida según las áreas que se plantean, por ejemplo educación, infraestructura, cultura, comercio) integrado en su mayoría por opositores al gobierno de Nicolás Marduro, 26 de 41 representantes. Para algunos lugareños, esta es la causa de la intervención estatal, ya que sospechan que el estado intenta establecer un consejo más afín con su ideología.
Debido a estas cuestiones, este paraíso terrenal se encuentra inmerso en una realidad que se filtra también entre las bellezas naturales que posee el país. De esta manera, la situación política se palpita en todos los rincones de Venezuela, y el futuro estará bajo la órbita de los acontecimientos que sucederán día tras día.

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