Entre la sombra de Sandino y el FSLN

Al cruzar la frontera de “Peñas Blancas” y entrar a Nicaragua, uno entra también a otra realidad muy distinta a la de los anteriores países centroamericanos que visitamos (Panamá y Costa Rica). En nuestro paso, recorrimos San Juan del Sur, un pequeño pueblo ubicado en la costa del Océano Pacífico conocido por sus buenas olas para practicar surf, la ciudad colonial de Granada, cuna del dominio español colonial sobre estas tierras, y la ciudad de León, alma de los movimientos revolucionarios y de las universidades.

Nicaragua fue el país de Augusto Sandino, de la “Revolución Sandinista” y del “Frente Sandinista de Liberación Nacional”, por lo que a simples palabras, cualquier viajero que tenga estas referencias históricas podrá notar el cambio de clima político y social que se respira en este territorio.

Breve repaso de la historia

Desde el año 1912 hasta 1925, Nicaragua estuvo ocupado por tropas estadounidenses que defendían los intereses y que garantizaban la seguridad de las compañías fruteras norteamericanas en el país. Cansado de estas maniobras y de la intervención extranjera en la política y en la economía, un campesino joven y humilde, Augusto Sandino, decide sumarse a los movimientos de resistencia mediante la creación de un grupo armado junto a otros campesinos.

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Un año más tarde, en 1926, frente a las continuas ofensivas de Sandino y de los demás grupos, el gobierno norteamericano decidió enviar tropas a Nicaragua nuevamente para acabar con el movimiento guerrillero. Ubicado en el norte del país, en la zona de “las Segovias”, rodeado de montañas y de jungla, el Ejército Defensor de la Soberanía Nacional, a cargo de este líder revolucionario, luchó exitosamente contra los invasores durante seis años, al punto de convertirse en invencible para las tropas extranjeras. De esta manera, el prestigio de Sandino, avanzaba en todo el país y las noticias de su lucha, resonaban en todos los rincones, lo que provocó una mayor adhesión a sus filas y a sus ideas antiimperialistas por parte del pueblo nica.

Debido a la feroz lucha de las tropas sandinistas, a fines de 1932, el gobierno estadounidense decidió retirar sus tropas y dejar al mando de sus intereses, a una fuerza de choque integrada por oficiales del ejército nicaragüense llamada “Guardia Nacional”, dejando a cargo a Anastasio Somoza García. Con el objetivo de llegar a un acuerdo y ponerle fin a los enfrentamientos, el 21 de febrero de 1934, se realiza un encuentro en la casa presidencial nicaragüense entre las autoridades gubernamentales y  Sandino. En esta reunión, oficiales de la Guardia Nacional le realizan una emboscada al líder revolucionario, lo capturan y lo mantienen en cautiverio. Esta operación, fue liderada por Anastasio Somoza, y provocó la desaparición de Sandino, y el agigantamiento popular de su gesta.

Anastasio Somoza, en 1936, lidera un golpe de estado y se pone al frente del gobierno nicaragüense, iniciando así una tiranía salvaje que tenía como fuerza adoctrinadora a la Guardia Nacional. Desde este momento, la llamada “ley de las 3 P”, comenzó a regir en Nicaragua. Las palabras de Somoza, explican su significado: “plata para mis amigos, palos para los indiferentes y plomo para mis enemigos”. Anastasio Somoza García, gobernó desde 1937 a 1947 y desde 1950 a 1956, luego fue sucedido por su hijo Luis Somoza Debayle, quien ejerció el poder desde 1956 a 1963, y después su otro hijo, Anastasio Somoza Debayle, estuvo al mando desde 1967 a 1972, y de 1974 a 1979. En este período de dinastía somocista (1936/1979), hubo en el país entre 100 y 120 mil muertes debido a la violencia y terrorismo de estado. 

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Influenciados por las palabras de Augusto Sandino y su gesta revolucionaria, además de los atropellos contra la voluntad popular, la corrupción del gobierno, el abandono económico y social en el que el país se veía sumergido y la violencia ejercida por la Guardia Nacional, durante estos años de poder somocista, se crearon algunos  movimientos de lucha contra el régimen. Hacia 1962, un grupo de estudiantes organizados clandestinamente e influenciados por las gestas revolucionarias internacionales de la época (cubanas y argelinas), comenzaron a reunirse y a darle forma al Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN), con el objetivo de derrocar al gobierno somocista e implantar un régimen comunista en el país. Los principales líderes de este movimiento fueron Carlos Fonseca y Tomás Borge. El accionar de este grupo fue creciendo paulatinamente en la lucha armada y en la organización de una guerrilla aborigen, campesina y estudiantil.  

A partir de 1974, el FSLN comienza con los asaltos a los cuarteles de la Guardia Nacional y con una avanzada territorial por el país. De a poco, tomaron el control de algunas ciudades y para el año 1979, luego de una extensa y violenta lucha, llegaron a la capital, Managua. Los combates se extendieron por varios días y el 19 de julio de 1979 lograron tomar el control del poder y derrocar así al régimen somocista. Este suceso es conocido como la “Revolución Sandinista”. 

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De esta manera, un régimen comunista se instauró en el país y se procuró construir hospitales, escuelas, en dar créditos para la compra de materiales de trabajo agrario, en el reparto de las tierras expropiadas a la familia Somoza, y por sobre todo,  se orientó en la alfabetización de la sociedad nicaragüense y en tratar de revertir la tasa de mortalidad infantil, de las más altas en el continente durante aquellos años. 

Hacia 1981, el gobierno estadounidense como consecuencia de la revolución, impuso sobre Nicaragua un bloqueo económico y organizó una “contrarrevolución”, encargándose de agrupar nuevamente a las tropas de la Guardia Nacional que habían sido expulsados del país por el FSLN, y creando así una nueva situación de guerra. 

La escasez de recursos frente al bloqueo norteamericano y el dinero destinado a enfrentar una nueva guerra interna, provocó al FSLN muchos inconvenientes económicos, llevando al país casi a la quiebra. La ayuda internacional enviada desde Rusia y Cuba, posibilitó que el partido se mantuviera en el poder y que la revolución continuara con su curso. En marzo de 1988, autoridades de los países centroamericanos, del FSLN y de la “Contrarrevolución”, iniciaron diálogos de paz para poner fin al enfrentamiento armado. El “Acuerdo de Esquipulas” se firmó en 1989 y la guerra civil nicaragüense provocó alrededor de 38 mil muertes. 

Hoy en día, la situación económica y algunas realidades en el país, siguen siendo muy duras y todavía quedan muchas heridas que se mantienen abiertas en el corazón y la memoria de su gente. Se respira un alto sentimiento antiimperialista por sus calles, aunque no faltan las cadenas de comida rápida en sus ciudades.

El sentimiento de la población hacia Augusto Sandino es implacable. Muchos remarcan y se enorgullecen con el accionar de este líder revolucionario, y por cada ciudad o pueblo que se transite, siempre se encontrará algún afiche, cartel, estatua o graffiti con su rostro y con alguna de sus frases.

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En cuanto al FSLN, la figura más importante de los últimos años es Daniel Ortega, actual presidente del país y quien además ejerció este cargo otras dos veces anteriores. El slogan de su gestión es: “El buen gobierno de la familia y de la niñez”, y a él, lo llaman “Comandante Daniel Ortega”. Algunos opositores, tildan al partido de burócrata y de sólo escuchar los reclamos de su gente y aliados. A pesar de estas críticas, ninguno de los grupos disidentes es capaz de “ganar las calles” en las manifestaciones, razón por la cual muchos ciudadanos todavía votan al FSLN en cada elección.

Entre la agitada historia, los continuos afiches del FSLN, la humildad y calor de la gente, nuestra estadía en Nicaragua fue muy enriquecedora. Un país que respira revolución y que todavía mantiene viva la tradición histórica de lucha.

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