Mucho mar y poca agua

El pueblo pesquero de Taganga se ubica a solo 15 minutos en buseta o en vehículo particular de la ciudad de Santa Marta. En este lugar, el mar Caribe se adentra entre colinas áridas y le da forma a una bahía ideal para relajarse y escaparse de la bulliciosa capital del distrito del Magdalena, de la que integra su jurisdicción. A pesar de estar rodeada de mar, el pueblo “taganguero” sufre la escacez de agua corriente y todos sus habitantes, inclusive aquellos de más bajos recursos, se ven obligados a alquilar los servicios de los “carrotanques”. Estos camiones contienen 12 mil litros de agua y la comercializan a un precio que puede variar entre los 150 y 180 mil pesos colombianos (75 o 90u$s respectivamente), cuestión que obliga a muchas familias a asociarse para solicitar un camión y conseguir algunos litros de este líquido.

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Esta problemática proviene en parte de las continuas sequías que sufre la zona de la Sierra Nevada, relieve montañoso que abarca tres departamentos del Caribe colombiano: Magdalena, la Guajira y el Cesar, y que es la fuente de agua de la zona. Con este panorama, todas las localidades ubicadas alrededor de la sierra poco a poco fueron sufriendo de sed y de ganas de bañarse, al igual que Taganga.
El alcalde de la ciudad de Santa Marta, Carlos Eduardo Caicedo, estuvo ideando algunos planes para afrontar este problema y finalmente, tomó una medida: prohibir el ingreso de los “carrotanques” a Taganga, cerrar los pozos privados y públicos desde los que este pueblo sacaba el agua para sus casas y también, imponer multas, como también amenazas de arresto, a los conductores de los camiones hidrantes que quisieran llevar este líquido hacia el pueblo pesquero.

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Ante este panorama, los integrantes de la “Representación Comunal” de Taganga, órgano que nuclea a todos los habitantes del pueblo, sostienen que los pocos recursos hídricos con los que contaba el sitio desaparecieron con la llegada de inversores extranjeros ya que para construir sus posadas y hoteles, ellos se adueñaron del agua de los pozos públicos y las llevaron hacia los suyos mediante grandes bombas.
Por su parte, los propietarios de hoteles, posadas y comercios, asociados desde la “Junta de Acción Comunal”, expresan que el problema proviene desde hace muchos años y que la situación actual, en realidad, se debe a una falta de previsión y obras públicas por parte de la alcaldía de Santa Marta.
Con estas posturas bien diferenciadas, ambos grupos tratan de llegar a un acuerdo y coordinar planes para la solución del problema. Algunas propuestas para este fin son: la construcción de un embalse sobre el Río Magallanes que, según pronostican los ingenieros, con un sólo aguacero en la zona podría abastecer a un millón de personas; la habilitación de pozos de agua que se encuentran trabajando desde hace más de 17 años de manera ilegal; y la construcción de una planta desalinizadora que permita la utilización del agua de mar para los hogares.
Mientras todos los habitantes de Taganga buscan una solución a este problema que afecta su vida diaria, los funcionarios desde Santa Marta desoyen los pedidos y no asisten a las reuniones pactadas con los representes de este pueblo pesquero, además de tomar medidas que van en contra de toda lógica. De esta manera, los “tagangueros” seguirán sufriendo la paradoja de tener tanto mar a su alrededor, y tan poca agua en sus hogares.

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