Parque Nacional Tayrona: la naturaleza y la historia en un mismo lugar

Este bosque tropical seco ubicado a 34 kilómetros de la ciudad de Santa Marta, Colombia, se presenta ante nuestros ojos con sólo llegar a su puerta. Al cruzar la entrada, podemos apreciar la espesa vegetación que cuenta con todas las tonalidades de verdes posibles y, más allá de los árboles y plantas, alcanzamos a ubicar algunos senderos que nos permitirán sumergirnos en el interior de este mundo mágico. Porque el Tayrona es eso, un mundo aparte del cotidiano, lleno de naturaleza y de mística.

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El primer sendero que caminamos es largo y complicado por momentos, pero el aire de paz que se respira y el contacto con la naturaleza, nos dan un alivio y la energía necesaria para seguir. A medida que avanzamos, vemos carteles que hablan sobre el cuidado del medio ambiente, las distintas especies de flora y fauna que habitan en este parque y también sobre la cosmología aborigen “Tayrona”. Esta comunidad habitó por más de mil años estas tierras y, al momento de la llegada de los españoles con su embestida colonizadora, se dividió en cuatro grupos: Kogui, Arhuacos, Caucanos y Wiwas, quienes actualmente residen en los alrededores de la Sierra Nevada.

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Al finalizar este sendero, llegamos a “Arrecifes”, la primera playa en la que podemos pisar la arena pero no bañarnos ya que los letreros aseguran que las fuertes corrientes marinas de la zona se han cobrado más de 100 vidas de bañistas que desoyen las advertencias. Por esta razón, decidimos seguir un poco más allá y encontrar un lugar para refrescarnos. De esta manera, llegamos al “Cabo”, localizado en la otra punta del parque. Aquí hay dos playas donde sí nos podemos bañar. Después de un merecido chapuzón en el mar, decidimos descansar y seguir explorando el parque al día siguiente.
Las opciones para dormir en el parque son dos: camping o en cabañas lujosas llamadas “Eco Habs”. Los campings ofrecen servicio de alquiler de hamacas paraguayas y de carpas. Hay tres lugares de campamento en todo el parque, una, ubicada a mitad de camino entre la entrada y la primera playa, el segundo, al lado de “Arrecifes”, y el tercero, en el “Cabo San Juan”. En este último decidimos quedarnos y pasar la noche.
Al otro dia, detrás del restaurante del camping, encontramos un nuevo cartel y también un nuevo desafío: “sendero El Pueblito”, un largo camino hacia las ruinas de un asentamiento Kogui. Sin pensarlo, ajustamos los cordones de las zapatillas y emprendimos la aventura.
Si nos pareció complicado el primer sendero, este último es simplemente tortuoso: en subida y con grandes rocas que obstaculizan el camino. Después de mucho esfuerzo y algunas horas de caminata, llegamos al lugar indicado. El asentamiento conocido como “Chairama”, está formado por un conjunto de 250 terrazas que se encuentran en el medio de la espesa vegetación. Este poblado desolado nos permite imaginarnos cómo era la vida de las dos mil personas de la comunidad aborigen que vivió aquí entre los años 450 y 1600dc. Una experiencia mágica.

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Todos estos atractivos que se encuentran en el parque, son los que nos llevaron a considerar a este lugar como un nuevo mundo místico y paradisíaco, a tan solo una hora de distancia de la ciudad de Santa Marta. Un lugar capaz de conjugar la historia de la zona de la Sierra Nevada con playas caribeñas. En fin, un destino que merece ser visitado.

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Mucho mar y poca agua

El pueblo pesquero de Taganga se ubica a solo 15 minutos en buseta o en vehículo particular de la ciudad de Santa Marta. En este lugar, el mar Caribe se adentra entre colinas áridas y le da forma a una bahía ideal para relajarse y escaparse de la bulliciosa capital del distrito del Magdalena, de la que integra su jurisdicción. A pesar de estar rodeada de mar, el pueblo “taganguero” sufre la escacez de agua corriente y todos sus habitantes, inclusive aquellos de más bajos recursos, se ven obligados a alquilar los servicios de los “carrotanques”. Estos camiones contienen 12 mil litros de agua y la comercializan a un precio que puede variar entre los 150 y 180 mil pesos colombianos (75 o 90u$s respectivamente), cuestión que obliga a muchas familias a asociarse para solicitar un camión y conseguir algunos litros de este líquido.

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Esta problemática proviene en parte de las continuas sequías que sufre la zona de la Sierra Nevada, relieve montañoso que abarca tres departamentos del Caribe colombiano: Magdalena, la Guajira y el Cesar, y que es la fuente de agua de la zona. Con este panorama, todas las localidades ubicadas alrededor de la sierra poco a poco fueron sufriendo de sed y de ganas de bañarse, al igual que Taganga.
El alcalde de la ciudad de Santa Marta, Carlos Eduardo Caicedo, estuvo ideando algunos planes para afrontar este problema y finalmente, tomó una medida: prohibir el ingreso de los “carrotanques” a Taganga, cerrar los pozos privados y públicos desde los que este pueblo sacaba el agua para sus casas y también, imponer multas, como también amenazas de arresto, a los conductores de los camiones hidrantes que quisieran llevar este líquido hacia el pueblo pesquero.

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Ante este panorama, los integrantes de la “Representación Comunal” de Taganga, órgano que nuclea a todos los habitantes del pueblo, sostienen que los pocos recursos hídricos con los que contaba el sitio desaparecieron con la llegada de inversores extranjeros ya que para construir sus posadas y hoteles, ellos se adueñaron del agua de los pozos públicos y las llevaron hacia los suyos mediante grandes bombas.
Por su parte, los propietarios de hoteles, posadas y comercios, asociados desde la “Junta de Acción Comunal”, expresan que el problema proviene desde hace muchos años y que la situación actual, en realidad, se debe a una falta de previsión y obras públicas por parte de la alcaldía de Santa Marta.
Con estas posturas bien diferenciadas, ambos grupos tratan de llegar a un acuerdo y coordinar planes para la solución del problema. Algunas propuestas para este fin son: la construcción de un embalse sobre el Río Magallanes que, según pronostican los ingenieros, con un sólo aguacero en la zona podría abastecer a un millón de personas; la habilitación de pozos de agua que se encuentran trabajando desde hace más de 17 años de manera ilegal; y la construcción de una planta desalinizadora que permita la utilización del agua de mar para los hogares.
Mientras todos los habitantes de Taganga buscan una solución a este problema que afecta su vida diaria, los funcionarios desde Santa Marta desoyen los pedidos y no asisten a las reuniones pactadas con los representes de este pueblo pesquero, además de tomar medidas que van en contra de toda lógica. De esta manera, los “tagangueros” seguirán sufriendo la paradoja de tener tanto mar a su alrededor, y tan poca agua en sus hogares.

La realidad se filtra en el paraíso

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Un turista cuando viaja hacia el archipiélago de Los Roques, ubicado a 168 kilómetros al norte de Caracas y que forma el parque marino más grande de América Latina, puede suponer que la discusión política actual que tiene lugar en el país será menor en este pequeño lugar paradisíaco de arenas blancas, aguas transparentes, manglares, barreras coralinas y sol implacable . Sin embargo, la situación que se vive en Venezuela, late en todo su territorio.
La isla más grande, donde reside la mayoría de los habitantes del archipiélago, se llama Gran Roque. En este lugar también están ubicadas todas las posadas y los negocios comerciales. Los mercados de artículos para el hogar, almacenes y posadas, además de tener los precios por encima del doble que en Caracas, dependen de la mercadería enviada desde tierra firme, cuestión que a veces demora más de dos semanas en ocurrir. Los comerciantes responsabilizan el motivo de la tardanza a una medida impuesta por el gobierno nacional: la solicitud de título profesional a los maquinistas que manejan los barcos, detalle que antes no se tenía en cuenta.

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Por el momento, los únicos tripulantes de los barcos cargueros en todo el país con título de maquinista son los miembros de la Guardia Nacional Bolivariana (ejército), por lo que el Estado está cumpliendo el papel de proveedor y además, aumentando la presencia de personal militar en el Gran Roque. Otra tarea que cumplen los uniformados en el lugar, es controlar la actividad comercial para evitar la evasión de impuestos, medida novedosa en este paraíso ya que algunos meses atrás, era una zona de libre mercado.
El Gran Roque está administrado políticamente por un Consejo Comunal (junta ciudadana participativa dividida según las áreas que se plantean, por ejemplo educación, infraestructura, cultura, comercio) integrado en su mayoría por opositores al gobierno de Nicolás Marduro, 26 de 41 representantes. Para algunos lugareños, esta es la causa de la intervención estatal, ya que sospechan que el estado intenta establecer un consejo más afín con su ideología.
Debido a estas cuestiones, este paraíso terrenal se encuentra inmerso en una realidad que se filtra también entre las bellezas naturales que posee el país. De esta manera, la situación política se palpita en todos los rincones de Venezuela, y el futuro estará bajo la órbita de los acontecimientos que sucederán día tras día.

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